lunes, 28 de mayo de 2012

Página en blanco

Hace unas semanas, una bloguera a la que sigo me dio ánimos para seguir con esto y me dijo que, si alguna vez dejaba de escribir, que fuera porque encontrara cosas más interesantes que hacer. Me siento un poco frustrada, la verdad, porque sí, después del impulso de los dos últimos meses (propiciado por mi necesidad de compartir con el mundo mis reacciones catastróficas ante una cagarrutilla que me pasó), me he dejado arrastrar por mi natural perezoso y apenas he escrito nada. La frustración, aclaro, se debe al hecho de que no he encontrado cosas más interesantes que hacer. Estoy escribiendo mucho, eso sí, pero a lápiz y en papel (el miércoles hice fotos de mis manos maltrechas sosteniendo un portaminas -todo un alarde de coordinación y equilibrio- que arañaba un cuaderno mientras un avión me llevaba de Málaga a Barcelona, pero el iPhone está muerto en estos momentos y esas fotos están ahora mismo en algún limbo inalcanzable), y sobre asuntos que considero poco decentes o, en la mayoría de los casos, poco interesantes. 

Tengo un par de cosillas en barbecho que van reformulándose día a día y que no me atrevo a publicar, un poco por miedo a la página en blanco y un mucho por miedo a la página demasiado llena, imagino... 

Hello, world: interactúa conmigo, dame algo sobre lo que escribir, pero que no sea malikno. 


viernes, 4 de mayo de 2012

Taxonomía (personal) del pulso

Esta mañana he dedicado aproximadamente 3 minutos a elaborar esta complicada taxonomía, fruto de observaciones, disfrutes y desastres varios (en cualquier caso, siempre personales). Aviso de que carece de todo rigor y de que cualquier intento de análisis científico dará al traste con ella. Se trata de...

¡¡LOS PULSOOOOOOS!!*

Cuando no tienes pareja estable, pero sí cierta edad y ciertas expectativas que satisfacer en cuanto a lo emocional y lo físico, lo normal es que eches pulsos. Bueno, si tienes pareja estable, también, claro, pero de eso que hablen otros. Total, que hay pulsos y hay pulsos:

El pulso premium

El pulso premium es, en apariencia, el mejor. Es el que llevas, como mínimo, toda una noche currándote. Te gusta el compañero de pulso que te has buscado, a tu compañero de pulso le gustas tú, las condiciones son propicias, no llueve ni hace frío, nadie ha bebido más de la cuenta. Es el que te pinta una sonrisa en la cara durante al menos 24 horas una vez concluido. El que no te deja concentrarte en otras cosas al día siguiente. El que mueve la mesa de sitio y te deja golpes en los nudillos para que, cuando por mor de las cosas del día a día se te borra la sonrisa, veas la mesa o los morados de los nudillos, lo recuerdes y la sonrisa vuelva. Son también los más peligrosos, porque cualquier cosa que salga de unas expectativas tan altas no puede ir sino a peor. Hay quien dice que pueden salir cosas buenas, pero yo, la verdad, todavía no las he visto. Se debe ser emocionalmente muy estable para que un pulso premium no desencadene una relación de pareja o una reacción catastrófica.

El pulso terapéutico

El pulso terapéutico tiene una función muy clara. Llevas un tiempo sin echar pulsos (o no) y tienes ganas, pero no quieres o no puedes encontrar compañero para un pulso premium, así que acabas jugando con el primero que se te pone a tiro, a menos que tengas la suerte de contar con un egomaker. Es muy difícil que acabe siendo premium, porque has bajado mucho el nivel a la hora de buscar compañero, has subido mucho el nivel de alcohol en sangre o ambas cosas (con muchísima frecuencia, lo primero como consecuencia de lo segundo).

El pulso marronero

El pulso marronero es el que sabes que no debes echar nunca, nunca, nunca (aunque al final acabes cayendo). Sabes desde el principio que va a ser complicado, porque hay demasiados elementos ajenos: tercero(s) compañero(s) de pulso, falta de equilibrio emocional, amistad... Lo mejor es evitarlos, eso es asín, pero, de no haber podido hacerlo, puede pasar que acaben siendo como los premium, pero solo hasta «y la sonrisa vuelva». 

Hay más, claro está, pero hoy solo me apetece hablar de estos tres. Como todo en las relaciones humanas, no son compartimentos estancos, y lo más normal es que sean cualquier cosa. Por otro lado, esta clasificación atiende más bien a las expectativas que se tienen; si utilizamos como criterio lo que acaban siendo, el asunto se complica bastante. Pero para hablar de eso tendría que tirar de archivo personal y hoy, sinceramente, no tengo ganas de que se me atragante la deliciosa lasaña casera con la que estoy a punto de regalarme. 

Amor, amor (y pulsos, pulsos). 












*Tengo primos pequeños.

miércoles, 25 de abril de 2012

Hoy no me he despertado chupando limones

Hoy pensaba escribir sobre otro tema (otra de las avispillas que zumban y rezumban en mi cabeza últimamente), pero a lo largo del día han coincidido ante mis oídos Radiohead y el conocimiento de un hecho, y esta casualidad me ha llevado a pensar en la justicia universal. 

En realidad, mi primer impulso ha sido escribir una frase mucho más cortante en Facebook, pero me salía demasiado lapidaria y, en esa forma breve y cristalizada, era muy fácil leer en ella grandes dosis de amargura, rencor y algo de revanchismo (un «te lo dije, Marcialete» despojado de humor y cargado de mala hostia). Así que he decidido soltarlo por aquí, porque puedo modular mejor y dejar claro que ahora mismo me siento fluir con el tao (J. y MQD, si se lo creen y me dura, se alegrarán) y que acabo de constatar que el hecho del que he tenido conocimiento me importa un pu-to-ca-ra-jo. La señora de los martes por la mañana está haciendo un gran trabajo...

No es que no me importe que los demás la caguen, sobre todo si es alguien que a mí me importa y sobre todo si es conmigo (quienes me lleváis aguantando estas últimas semanas estáis ya más que convencidos de que en realidad todo me importa mucho más de lo que debería). No soy de piedra, no: lo bueno es que acabo de verme a mí misma como un cero redondo y suave, tal como decía ayer, pero además blandito, por lo que sí, cuando me dan golpes me arrugo y me pliego sobre mí misma, pero poco a poco me crezco y recupero mi forma habitual. Mirad, J. y MQD, otra ventaja con respecto al uno, a ver si así os convenzo: el uno es un palo largo y estirado, sin flexibilidad alguna, que seguramente se quebraría a la mínima. Y al cero, aunque mis reacciones catastróficas parezcan decir lo contrario, todo se la acaba resbalando, no como al uno, que, bien trazado, tiene un recoveco donde seguro que se acumulan rencores (y malos olores). 

Así que aquí estoy, perfectamente imperfecta como un cero, que no es un círculo sino un óvalo (cosa que me gusta muchísimo más), espectadora de cómo se resuelven (o no, eso ya no lo sé, pero tampoco es que me importe tanto) las ecuaciones ajenas, aplicando a los pensamientos una actitud yóguica total: los veo, los observo unos segundos y los dejo marchar (¿X se acordará de cuando le hablé de esto? Who cares, anyways?). Y no me entretengo en ellos, no intento retenerlos, porque mientras me esté aferrando a ellos no tendré tiempo ni energías para dedicarme a lo que realmente importa: vi-vir-mi-pu-ta-vi-da.

Ah, sí, y Radiohead y el tema de la justicia universal, cada cosa (cada cual) en su sitio, tarquicuá:


martes, 24 de abril de 2012

S. quiere ser cero

Poco a poco, los días se van llenando de cosas. Un marrón en el curro, una declaración de Hacienda, un viaje a Italia y, lo mejor, los amigos que siguen estando y siguen siendo. Llenas tus días y no te hace falta pintar la sonrisa, porque sale sola. Sonríes y consigues reírte, miras y consigues ver, oyes y consigues escuchar. Pero luego llegas a casa y se te cae encima. A ti, que conseguiste hacer de un escenario de infierno el hogar soñado, y sin que tuviera que venir el maestro mamadú a hacer limpieza...

Llegas a casa, digo, y junto con las botas rojas te despojas, sin quererlo, de todo aquello de lo que te habías pertrechado durante el día (a partir de las 11, porque hasta esa hora sigues sin ser persona), y te acuerdas de que por ahí hay una ecuación malikna: resulta que X sigue viendo a Y, a pesar de que aseguraba que solo pensaba en Z y que por eso ya no había letra para ti. Y tú quieres ser el cero que los multiplique a todos, para que de cero volváis a partir, o el cero que los divida y los mande a tomar por culo. 

Quiero ser un cero. Antes pensaba que quería ser un uno, pero el uno no mola: convierte lo par en impar y viceversa, y eso suele ser sinónimo de marrón. El cero es redondito y suave (como yo), empieza y termina en sí mismo y es capaz de anularlos a todos o, mejor aún, de dejarles sin solución, cuando sea eso lo que se merecen. El cero puede acercarse de esquinilleo, por la izquierda, y mirar sin ser visto, o hacer una entrada triunfal por la derecha y ser el rey de la fiesta. 

El cero sabe que tiene una gran responsabilidad ante sí mismo y eso hace, a veces, que ni cero sea. Pero S. quiere ser cero. Llamadla loca.


domingo, 22 de abril de 2012

Los sueños, sueños son

MQD, que es el amor, aunque para ella ese calificativo esté reservado a sus sobrinos, me regaló ayer esta maravilla que se trajo del MACBA hace unas semanas: 


Es un cuadernito con un diseño precioso, pensado para dejarlo junto a un lápiz en la mesilla de noche y apuntar los sueños en cuanto te despiertas, antes de que la rutina diaria los mande al fondo polvoriento de un cajón. 

Lo más bonito de los regalos de MQD, después de los regalos en sí, que ya es decir, es que siempre tienen un porqué. Ella sabe que así me dará menos pereza coger el lápiz cuando me despierte agitada en mitad de la noche (cosa que me ocurre con bastante frecuencia últimamente) y poner por escrito las manifestaciones subconscientes, por lo general nocturnas, de toda la mierda que me ronda durante el día, para llevárselas los martes por la mañana a quien cobra un buen dinero por oírme relatárselas junto con el resto de basurillas vitales que han hecho de mí el desastre social y emocional que soy ahora mismo. 

Yo siempre me las he dado de pragmática y me he reído de la interpretación de los sueños, pero, desde que les hago caso, tengo que reconocer que a veces son mucho más que meras sucesiones de imágenes con mayor o menor relación con la realidad. De hecho, estoy empezando a ver que esa relación tiene mucho más de reflejo de temores y obsesiones (a veces, perversamente reelaborado) que de simple repetición de lo vivido durante el día (como cuando la otra noche soñé que el padre de JB era Jamie Lannister, después de ver dos capítulos de Juego de Tronos). La verdad, no sé si esto me gusta o no, aunque me inclino a pensar que lo primero (si bien tampoco es plato de gusto darte cuenta de que ni de noche eres una persona equilibrada). 

En fin, después de apurar la copita de Ribera que se ve detrás del cuaderno, me retiro al reino del viscolátex, a ver qué me deparo a mí misma esta noche. 

Amor, mangurrianos. 

lunes, 16 de abril de 2012

1000

Uhhhh, ya he superado las mil visitas... ¡gracias! ¡Soy una estrella de la blogosfera! A ver si mañana, cuando recupere mi cuenta de Facebook, sigo con las buenas costumbres bloguísticas, que me están viniendo muy bien para lo mío. 

¡Buenas noches! Amor, amor. 

Monday, Monday...

Bueno, pues resulta que "Friday Night Fever", y no me refiero a mi última entrada en el blog, terminó de una forma totalmente inesperada y bastante desconcertante, pero esa es otra historia de la que además no puedo hablar en público porque seguro que me regaña más gente de la que ya lo ha hecho este fin de semana. Y yo soy alérgica a las reprimendas: me pica todo, me lloran los ojos y me vengo abajo. 


El resto del finde ha sido fantástico, un poquito de aire fresco en esta habitación mal ventilada en la que me he empeñado en encerrarme estas últimas semanas. Hemos celebrado una nueva edición de Villa Angunia (un encuentro, de entre 24 horas y dos semanas de duración non-stop que llevamos un par de años haciendo con unos amigos) y esta vez la cosa ha vuelto a superar todas las expectativas: compañía difícilmente mejorable (MQD y el DJ, E. sin I.*, J. y J., L. y O. y F., mi perraco favorito), comida deliciosa en cantidades ingentes (adiós, dieta, adiós), litros y litros de Ribera, torneo de ping-pong (del que, por supuesto, me caí a la primera de turno), vinilazos y youtubazos, partida de Dixit, desayuno al sol... 


Así, sí :) 


Un crumble delicioso que amasaron estas manitas bajo la exquisita orquestación de E...




Serge...


Esos pepinillos celestiales que solo venden en el Lidl... 



Reciclemos, reciclemos. 



Tengo también una foto estupenda de MQD y el DJ en la cama, recién despiertos, al más puro estilo John y Yoko, pero como imagino que no les hará mucha gracia que la publique, pues me la dejo guardadita ;) 

Luv!

* La presencia de I., por supuesto, habría subido aún más el nivel.